COLEGIO
MONOPOLIO O LIBERTAD EN EL SISTEMA NACIONAL DE SALUD (31/03/2005)
Tantos años llevamos escuchando el mensaje de que tenemos el mejor sistema sanitario del mundo y el más equitativo, que a juzgar por los clamorosos silencios, cabría pensar que es verdad, cuando lo cierto es que salvo parcelas muy concretas del mismo, como el Programa de Trasplantes de Órganos, no resiste muchas comparaciones. Vamos por partes.
La salud de la población española en general, es buena y las expectativas de vida están entre las más altas del mundo. Ello es debido a varios factores: a) Genéticos; indudables. b) Económicos: el poder adquisitivo medio, que corresponde al de un país desarrollado, permite una buena alimentación, viviendas dignas, condiciones de trabajo soportables. c) Higiénico-Sanitarias: cadena alimentaria correcta, agua potable bien tratada, aguas residuales depuradas en gran parte, medios de higiene personal y laboral asequibles a la mayoría. d) Preventivos: campañas nacionales de vacunación, de lucha contra algunos cánceres, de reconocimientos periódicos de todo el personal que trabaja en empresas privadas, prevención de riesgos laborales, y lucha contra el tabaquismo y las drogas. Todos estos factores enumerados, con las medidas y recursos que se ponen en práctica para llevarlos a cabo, son los que hacen posible que la salud de los españoles sea buena y su longevidad alta.
Dicho esto que es evidente, lo que realmente determina las bondades o carencias de un sistema sanitario, es la asistencia que se presta día a día, a los cientos de miles de personas, que estando o sintiéndose enfermas, demandan atención médica. Ahora bien, ¿cómo está la asistencia médica en el sistema público español?
En primer lugar, la Atención Primaria, la de primer contacto o entrada al sistema, se hace en el día, en los centros de salud y consultorios locales, es manifiestamente mejorable, porque está excesivamente burocratizada -más del 60 por ciento de la jornada se va en tareas burocráticas-, muy masificada -lo de los diez minutos por paciente, demandados por los profesionales, es una quimera-, no se permite la petición de pruebas complementarias elementales; para los médicos de este nivel, la comunicación con los Servicios Especializados es muy deficiente, y porque se ha perdido la figura y praxis del Médico de Cabecera-Familia, pilar fundamental de este nivel.
En segundo lugar, la Asistencia Especializada que se presta en el sistema español, por lo general en los Hospitales Públicos, es de gran calidad, pero se hace tan a destiempo, y con tanto retraso en tantas ocasiones, que termina haciéndose insufrible. Las listas de espera quirúrgicas generadas -que se cuantifican-, o de primeras consultas, revisiones y pruebas complementarias -que ya ni se cuentan-, son la gran asignatura pendiente del Sistema Sanitario Asistencial, gestionado directamente por las Administraciones Públicas.
¿Y de equidad cómo andamos? En teoría muy bien, porque el sistema es universal y el acceso inmediato, hechos comunes a todos los países de la UE. Pero si tenemos en cuenta que los tiempos de espera, son los más largos de la Unión, y lo que es peor, al ser el Sistema Asistencial un monopolio administrativo, las posibilidades de acortar o eludir las listas de espera, sólo están al alcance de las personas con más recursos, y que pueden contratar un segundo aseguramiento o pagarse directamente la asistencia privada. En estas condiciones se quiebra seriamente la deseada equidad, y las pretensiones de limitar por ley el tiempo de espera, u ofertar una segunda opinión con carácter general, son meros brindis al sol.
Todos los ciudadanos deben tener derecho a las mismas opciones, a la libertad real de elección, que tarde o temprano terminarán reclamando, y sólo así habrá equidad. Equidad que a nuestro entender es incompatible con un Sistema monopolista. Sólo la diversidad y la variedad de oferta, pueden garantizar la libertad de elección de médico, centro y segunda opinión en libre competencia, acorde con los postulados de la Unión Europea, que es la norma en la práctica totalidad de sus miembros en materia sanitaria.
Es un error conceptual -como se hace en España-, considerar Sistema Sanitario Público, únicamente el gestionado directa y totalmente por la Administración. Sistema Sanitario Público es el financiado por los presupuestos del Estado, cualquiera que sea el gestor o titular de la oferta asistencial. El sistema sanitario francés es tan público como el que más, posiblemente el más liberal, refutado como el mejor del mundo, y con los tiempos de espera más bajos.
Todos los monopolios son impositores y restrictivos, y tienden per se a bajar la calidad y a aumentar los costos. Su única alternativa es la liberalización.
Tomás del Monte González
Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Cáceres |